
Relatos
Bio-lentos, el nuevo libro de Adrián Barahona Diéguez, viene a profundizar, a
mi entender, la estética de lo que algunos hemos denominado “realismo cuático”;
existe un sabor, una textura e imágenes suficientemente ionizadas en estos
relatos como para reivindicar la dinámica de un estilo que poco a poco hace su
asomo, traspasando las cortinas subterráneas de la literatura chilena. Los
relatos que aquí aparecen en cierta forma y en buena hora vienen a entregar un
aire de oxigenación al ordenamiento actual del género narrativo de nuestras
criollas letras. Nombres como Simonetti, Lemebel, Franz, Fuguet, Contreras,
Rivera Letelier, Zambra, entre algunos otros, son los mismos que vienen
acaparando la audiencia del público lector desde ya hace varios años y es,
asimismo, como dicha situación fue reiteradamente descrita por el crítico
Ignacio Valente hace poco más de una década atrás. El actual escenario viene
siendo el mismo y salvo unas pocas nuevas figuras que no han logrado mayor
trascendencia son las que se han sumado timidamente al colectivo de este cosmos
narrativo.
Es
por esta razón que dentro de esta perspectiva los relatos bio-lentos resultan
ser la conformación de un libro atractivo de conocer y descubrir para los
lectores. Los personajes que acá aparecen, y de los cuales muchos se van
repitiendo a lo largo de este, son vehículos cargados de personalidades fuertes
y definidas, llenos de magnetismo y pasión, constituyendo la formación, en
definitiva, de un estilo narrativo sincopado, a ratos coloquial y repleto de
intensidad.
Se
suceden lugares y pequeños guiños a episodios históricos que forman parte de
nuestro imaginario y, específicamente, de nuestro Santiago. Si bien (como
afirma el propio autor en su presentación) muchos de estos relatos pudiesen
parecernos ingenuos y predecibles, no resta méritos que su lectura fresca y
rejuvenecedora nos pueda transportar en la lucidez de su trasmisión a poder
representarla fácilmente en guiones para cortometrajes o libretos para puestas
en escenas teatrales, como en el ameno y audaz relato con el cual comienza el
libro “INN-OUTT HOTEL”, en donde una pareja vive una peculiar situación junto
al administrador y a los pasajeros de un motel de mala muerte, o en el erotismo
desenfrenado de “LA PIZZA DE MARIA JOSÉ”, o la serie de situaciones vividas en
el “ZAPPA..TO” juego de palabras perfecto para el incidente creado a partir de
un zapato arrojado al techo del protagonista y la música de Frank Zappa. En
Barahona, abunda un estilo escuetamente sucio, metropolitano y moderno.Abunda
el diseño, el rock, el teatro, el vértigo, cierto pop art, el beat. La fuerza
constructiva de su obra me hace apreciar en ella a un escritor como Francisco
Massiani, con esa arquitectura cruzada por el torbellino de los hombres.
Adrián
Barahona, quien dice en “SPLEEN SANTIAGO” que “la poesía era su nueva
militancia”; lleva intrínsecamente en sí una secreta y urbana poesía que hacen
la mística y la alquimia de toda su obra y de su vida. Desconozco ciertamente
cuánto de realidad y de ficción habrá en los relatos, y cuánto de esa cuota de
realidad pueda conformar la propia experiencia de su autor. También desconozco
si debemos agradecerle al destino, en cierta, medida, la pérdida involuntaria
de los escritos más recientes del autor, ya que de no haber sido por este
accidente “cuático”, no podríamos sumergirnos hoy en la génesis de su literatura
y su esencia. Asimismo, creo justo indicar que tenemos en nuestro amigo
escritor, un ser mucho más complejo de lo que se nos muestra, y por esta razón
es que, seguramente, tiene mucho más que enseñarnos en sus próximas
publicaciones. Relatos Bio-lentos probablemente sería el orgullo de otro
escritor llamado Mauricio Valenzuela y que hoy no nos acompaña en los bares,
nuestras radios locas y el frenesí de nuestra vanguardista editorial pero si
esta de alguna forma presente a lo largo de estas paginas.
Kerouac
dijo alguna vez: “Enamórate de tu existencia, escribe para ti mismo, recogido,
asombrado, vive tu memoria y asómbrate”. En nombre de la intensidad que vivirá
en estas páginas, de esa magia, de gritos y bares, de amigos y amores, de
cerveza y lujuria, de esa manía de vivir coléricamente, es que invito a todos
sumergirse y caminar en la urbe de estas vehementes fiestas con la sola
advertencia que, una vez dentro de ellas, difícilmente podrán volver a salir y
a lo menos fuera de esos dominios misteriosos del realismo cuático.
Marcelo
Valdés.